DIVIDE Y VENCERÁS

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Los capitales que arriban a las economías para generar una inversión directa representan oro molido para el país que las recibe. Son capitales de riesgo: están jugándose el todo por el todo en proyectos de largo plazo que generarán riqueza y empleo en su destinatario. Todos los países están ansiosos por recibirlos y la competencia por ellos es brutal. Las economías les ofrecen seguridad, paz social, beneficios fiscales, servicios de primera en el terreno donde se establezcan, mano de obra suficiente y calificada, esquemas salariales benignos para el inversionista, etc.

Existen factores adicionales que tienen que ver con el aprovechamiento de oportunidades coyunturales, como pueden ser tratados de libre comercio establecidos por el país destinatario con otras economías con las que los inversionistas desean hacer negocios. Es difícil saber cuáles factores pesan más en el ánimo de ellos: los coyunturales o los materiales establecidos en el primer párrafo. Sin embargo, en el caso de México, resulta claro que pesó demasiado la posibilidad de tener acceso, gracias al TLC, al mercado más grande del mundo.

Realmente nuestro país no se ha distinguido por brindar facilidades en demasía a los capitales que buscan desarrollar proyectos. Los altos ejecutivos de las empresas extranjeras son resguardados por elementos de seguridad contratados por las propias empresas, evitando que sean presas fáciles de la delincuencia organizada; los beneficios fiscales son inexistentes, los servicios en las plantas son ineficientes y, en algunos casos, inexistentes. El único beneficio real es la mano de obra, que es barata y de alta calidad. Por este motivo, me atrevo a afirmar que la razón de mayor peso en las decisiones de los inversionistas es la cercanía y facilidad para ingresar sus productos a Estados Unidos al amparo del tratado de libre comercio norteamericano.

Las cifras son contundentes: la Secretaría de Economía informó que la inversión extranjera directa, luego de tener un comportamiento aceptable en los tres primeros trimestres de 2016, terminó el año con un descenso de 5,8%, al pasar de 28 mil 382 millones de dólares en 2015, a 26 mil 738 millones en 2016. Resulta evidente el efecto Trump, las amenazas de dar por cancelado el TLCAN, así como el anuncio de aranceles fronterizos a los bienes producidos en México, desalentó a los inversionistas. Recordemos que la ensambladora que tenía proyectado desarrollar la marca Ford en Coahuila, fue abruptamente cancelada debido a las amenazas del Sr. Trump de imponer aranceles descomunales a los vehículos ensamblados en esa planta.

No les debe quedar la menor duda que Donald Trump es, antes que nada, un negociador. Ganó las elecciones ofreciendo una propuesta nacionalista: devolver a los americanos los empleos que les arrebató su alevoso vecino sureño, a través de un tratado comercial injusto, que será necesario renegociar o cancelar; construir un muro muy alto en la frontera del sur para evitar que sus deshonestos vecinos invadan ‘su territorio’; y obligar a las empresas estadounidenses a mantener sus plantas en su territorio y evitar que instalen nuevas plantas en el país vecino. Con esa estrategia consiguió ganar el puesto y poner contra la pared a México; por lo tanto, será mucho más fácil establecer las condiciones que favorezcan sus intereses. Además, con sus anuncios, ha estado provocando fuertes fluctuaciones en los mercados financieros, en especial sobre el peso mexicano. Podríamos pensar que Trump pudiera, a través de alguna de las empresas familiares, tomar posiciones largas o cortas en la divisa y vender o comprar cuando tenga ganancias.

En este momento se encuentra en una encrucijada: pese a que tiene una amplia mayoría en ambas cámaras, no ha podido echar a andar sus principales ofrecimientos de campaña. Varias de sus decisiones han sido vetadas por el poder legislativo, inclusive algunos legisladores republicanos han manifestado desde antes de las elecciones su rechazo al papel que ha jugado el Sr. Trump.

Su popularidad no puede ser más catastrófica. Apenas alcanza el 42% la cifra más baja de los presidentes; solamente Gerald Ford obtuvo una medición inferior al 50%. Así mismo, por consecuencia lógica, tiene la más alta desaprobación a su gestión: 53%. Sus armas ya apuntan al que considera su rival más débil, México. Su Secretario de Comercio, Wilbur Ross, ha declarado que es intención de su Presidente negociar dos tratados comerciales, uno con Canadá y otro con México, para dar carpetazo al TLCAN. Con Canadá, al que considera su igual, negociaría en términos respetuosos, como ya lo ha manifestado; con los ‘negritos’ de abajo serían términos de subordinaje, en los que quedaría de manifiesto su profundo rechazo a nuestra etnia. Sería la relación de patrón a empleado. Lo dicho: ‘divide y vencerás’.

Sin embargo, esta situación no sería lo trascendente. Lo grave es que seguiría perdiendo credibilidad el modelo económico mexicano. Cada vez contaría con menos inversionistas apostándole. En la encuesta que realiza el Banco de México entre los analistas económicos de los intermediarios financieros acreditados en nuestro país, estos apuestan a que la inversión en nuestro país seguirá deteriorándose y presentará en este año nuevo una contracción del 21%.

Trump está poniendo a México nuevamente contra la pared. No vislumbra lo negro que se puede tornar el panorama en nuestro país, sobre todo tomando en cuenta que se avecinan elecciones presidenciales, cuyo resultado puede ser peligroso para el norte de América. A no ser que ya haya ‘maiceado’ al posible ganador.


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Autor: Rodrigo Patiño Pimentel / CFO / Inverprest

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