DECISIONES DIFÍCILES: CÓMO ENCONTRAR EL MEJOR CAMINO

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“La vida solo se puede comprender mirando hacia atrás, pero solo se puede vivir mirando hacia adelante”. - Søren Kierkegaard

Esta mañana decidí caminar a la oficina. Antes de llegar, pasé por una pastelería que me encanta; compré un café y un croissant. Empecé mi día saliendo un poco de mi rutina y haciendo algo que me da placer. Esas decisiones dieron forma a mi mañana, al igual que todas las otras pequeñas decisiones que he tomado hasta ahora que estoy sentado, escribiendo el artículo del mes.

Nuestra vida diaria se forma y transforma por el efecto acumulativo de cientos de pequeñas decisiones. La inmensa mayoría de las que tomamos en nuestra vida cotidiana, son tan sencillas como qué ropa ponerse o dónde comer, pero hay una pequeña parte de ellas que llegan a abrumarnos solo de pensar que hay que tomar decisiones.

A menudo, las decisiones que los empresarios enfrentamos son muy difíciles de tomar e implican una atención cuidadosa. Piensa en lo que cuesta dejar un proyecto o seguir invirtiendo en él, hacer un recorte de personal o seguir con la nómina completa, tirar los precios para lograr incrementar las ventas, asumir el riesgo al mantener los precios en un nivel justo, pero no vender en meses difíciles o decidir vender parte de la empresa para capitalizarla.

Muchos directores y fundadores de empresas (yo incluido), hemos perdido más de una noche de sueño pensando en los pros y los contras de este tipo de decisiones. ¿Qué camino elegir?, ¿cuál será el correcto?, ¿qué es más importante, el corto o el largo plazo?, ¿de qué decisión me arrepentiré? Desafortunadamente, no hay garantía de que la decisión que tomes sea la correcta, pero lo que sí es cierto es que puedes aprovecharte de ciertas técnicas que te pueden ayudar a incrementar la probabilidad de que la decisión que tomes sea exitosa.

Los que ya tenemos años en puestos de dirección y contamos con algunas cicatrices, sabemos que hay consideraciones financieras y humanas a tener en cuenta, además de nuestro deseo de hacer lo mejor para nuestro negocio. Sin duda, también nos influye nuestro ego, el eterno “¿Qué dirán …?” y los inversionistas que no quieren escuchar otro mensaje que el del crecimiento constante.

La ventaja de la experiencia es que sabemos que debemos evitar la parálisis del análisis, donde por la importancia de la decisión y el deseo de tomar el camino correcto, uno en vez de actuar simplemente se inmoviliza.

En este artículo les comparto un sistema que hemos creado en RHHR Group® que nos permite tomar decisiones muy complejas de manera más fácil, rápida y con menos estrés asociado. Este mismo sistema lo hemos usado en muchas ocasiones en las que nuestros clientes nos han solicitado apoyar a los Consejos o las Direcciones de las empresas que se enfrentaban a un reto.

NUESTRA METODOLOGÍA

Olvídate de la solución perfecta

Hay un dicho chino que dice: “El mejor momento para plantar un árbol es hace 20 años, la segunda mejor opción es ahora.” ¿No sería fantástico que todos los problemas tuvieran una solución única y perfecta? La realidad es que, la solución perfecta ya fue (hace 20 años).

Teniendo en cuenta que no existe la solución perfecta, hay que elegir la mejor opción entre las que tienes disponible y eliminar este pensamiento de “todo o nada”. Piensa en la decisión que estás enfrentando: ¿cuál es el peor escenario? ¿cómo se puede combatir este resultado, si ocurre?

Lo más probable es que ningún resultado sea ni tan malo que no puedas recoger las piezas y avanzar, ni tan bueno como lo esperas. Incluso una decisión “incorrecta” te puede servir para aprender de ella para el futuro.

Evita la “Fatiga de decisión”

Cuando nos enfrentamos a una situación que nos satura por su complejidad, a menudo optamos por la opción “fácil” que no afecte el status-quo o las condiciones ya existentes. Como punto de partida no nos sirve como opción, aunque esto no necesariamente significa que un cambio sea la mejor opción para todo, simplemente que debemos evitar la condición que RHHR Group® definimos como fatiga de decisión.

Este fenómeno ha sido comprobado en varios estudios en los que muestra que estamos significativamente más abiertos al cambio por la mañana, cuando estamos más frescos, que por la tarde, cuando llevamos un día entero trabajando y estamos cansados.

A un nivel práctico, esto significa que mientras más decisiones tomemos a lo largo del día, más difícil será a medida que transcurre el día. Para combatir esto debes ser auto-consciente e identificar si estas en una situación de sobrecarga de decisiones. Así mismo, recomendamos que el momento del día en el que se hacen las juntas estratégicas sean por la mañana.

Organiza tus ideas

Cuando nos enfrentamos a la toma de una decisión difícil, es fácil caer en la trampa de la “visión de túnel” y solo ver los factores que nos parecen ser los primordiales.

Si te pareces a mí, seguro te ayudará hacer una lista de los aspectos positivos y negativos de la decisión que piensas tomar y de esa manera buscar crear una “distancia emocional”. Este puede ser un buen lugar para comenzar, ya que te permite ver la situación con más claridad.

El problema con una lista de pros y contras es que puede hacer que, ciertos aspectos de tu decisión parezcan tener el mismo peso, cuando en realidad algunos puntos te importan mucho más que otros.

Por ejemplo, si estás considerando contratar o no a un candidato, seguramente lo haces porque piensas que éste te aportará valor porque agrega una experiencia de la que carece tu empresa o porque te liberará algunas tareas para que te puedas enfocar en áreas que aportan más valor. En contrapartida, para lograr una contratación exitosa deberás buscar, encontrar, evaluar, entrevistar, seleccionar, contratar, incorporar, formar y retener a una nueva persona, todo de forma exitosa y si solo falla uno de los factores habrás perdido tu tiempo. Puesto así, ¿podría uno pensar que no vale la pena? Claro.

Para contrarrestar esto, considera un enfoque más matizado a la lista básica de pros y contras. Más allá de solo enumerar los aspectos positivos y negativos, asignarle a cada uno de ellos el peso que te parece justo.

El darle un valor numérico a cada elemento de la lista, nos ayuda a ver si realmente estamos siendo imparciales y, sobre todo, aunque posiblemente no cambie nuestra decisión, nos quede claro por qué elegimos una opción frente a las demás.

Las emociones sí importan

¿Qué emociones asocias con los resultados de tu decisión? Por ejemplo, ¿haces un fuerte recorte de personal durante unos meses difíciles para asegurar la estabilidad financiera de la empresa?, o ¿mantienes un equipo que te ha sido fiel, pero pones en un riesgo económico? ¿Con qué decisión te sentirías mejor?, ¿qué pasa si quiebra la empresa por no tomar una decisión a tiempo? y ¿qué pasa si pierdes el mejor equipo que has tenido por precipitarte a querer salvar las finanzas de la empresa?

El aspecto emocional e intuitivo de la toma de decisiones no debe pasarse por alto porque al final del día vas a tener que poder vivir con la decisión que tomaste.

Las emociones ligadas a una decisión son más importantes de lo que reflejan la mayoría de estudios. Recordemos que nuestra capacidad de logro está intrínsecamente ligada a nuestras emociones, pasión y la convicción de que hemos tomado la decisión correcta. Por esas razones, no debemos intentar separar las emociones de la pasión, del proceso.

En RHHR Group® recomendamos el Método proyectivo con el que apoyamos a que el equipo Directivo use sus emociones como una herramienta, pero en lugar de basar la decisión en cómo se sienten en este momento, les pedimos que consideren las emociones que tendrían en el futuro con cada uno de los posibles diferentes escenarios. ¿Con qué consecuencia podrían vivir y con cuál no? Usar las emociones para trazar nuestro camino a largo plazo es una herramienta útil.

Observa desde afuera

¿Qué le recomendarías a un amigo, hermano o compañero que estuviera enfrentando la misma decisión que tú estás enfrentando?

Este concepto se basa en que suele ser más fácil tomar la decisión desde afuera que si el problema es propio. El concepto de auto-distanciamiento implica forzarse a razonar desde la perspectiva de una persona externa cercana, para obtener una serie de consejos, sugerencias y respuestas en general más maduras.

Tómate un momento para imaginar que un amigo es el que te está pidiendo consejo. ¿Qué información necesitarías tener? ¿Qué le preguntarías sobre sus emociones? ¿Cuánto valor les darías? ¿Qué factores influenciarían el consejo que ofreciste? ¿Qué decisión, en última instancia, parece ser el curso de acción más sabio desde una perspectiva externa?

Desde la posición de un tercero mirando hacia adentro, podrías darte cuenta de que una de las opciones tiene más sentido.

La tercera opción

Si solo te estás dando la posibilidad de elegir entre dos opciones difíciles, considera agregar una tercera opción que salga completamente de lo que normalmente elegirías. En la vida, rara vez es todo blanco o negro, algunas veces es una escala de grises, pero la mayoría de las veces hay una infinidad de colores. En los negocios es lo mismo.

Al incluir una opción adicional que se sale completamente de lo que normalmente pensarías como una opción legítima, puedes descubrir un nuevo universo de opciones, mejores de las que habías considerado desde un principio.

Tomemos el ejemplo anterior, en el que estamos entre recortar personal o no. ¿Qué pasaría si vendemos la empresa a la competencia para crear sinergias, incrementamos el gasto para expandir nuestro portafolio de servicios o expandimos a otros mercados en los que todavía no hemos entrado?

Evaluar muchas opciones no significa que debes ignorar tu instinto y siempre elegir opciones innovadoras, simplemente te recomendamos abrirte a cuestionar suposiciones y descubrir otras opciones que quizás nunca hubieras considerado.

Intenta vendértelo a ti mismo

¿Alguna vez te has tenido que justificar frente un amigo una decisión que tomaste y cuando lo intentaste, no pudiste “vendérselo” a pesar del razonamiento clarísimo que existía en tu cabeza?

Oblígate a ti mismo a articular claramente tus opciones y valga la redundancia, intenta “vendértelas” a ti mismo a voz alta. Busca explicar la lógica detrás de tu decisión. Después, podrás incluir a tus consejeros o mentores de tu confianza.

Habla sobre tus opciones contigo mismo y con las personas en tu vida. ¿Cómo te encuentras cuando describes cada opción? ¿Cuál se siente y suena como la mejor opción, una vez que lo has dicho en voz alta? ¿Te cuesta justificar algunas de las opciones? ¿Alguna de ellas te emocionó mucho más que las otras?

Además de ayudarte a aclarar tus ideas y definir en qué dirección te estas inclinando, hará que la decisión sea más fácil.

No te satures

Hasta cierto punto nos suele quedar más clara la decisión que debemos tomar, cuando más informados estamos sobre la situación. Sin embargo, en mi experiencia, cuando tenemos demasiada información, el proceso de toma de decisiones se puede dañar. Varios estudios confirman mi teoría de que hay un punto de inflexión entre la comprensión de una problemática y la saturación producida por el excesivo enfoque al detalle. Cuando se supera el momento de entendimiento, toda información adicional conduce a una peor decisión al perder el panorama general.

¿Esto quiere decir que no deberías hacer una buena investigación? No, pero llega un punto en el  que ya tienes suficiente información y debes resistir la tentación de seguir reuniendo más datos. En ese momento, aléjate de la computadora, no hagas más juntas internas, respira y busca tus emociones. Todo va a salir bien.

La empresa es primero

No pienses en ti, piensa ¿qué es lo mejor para la empresa? Personalmente me hago esta pregunta para asegurarme de que mis prejuicios personales no estén afectando mis capacidades de toma de decisiones.

En última instancia, la empresa me paga un sueldo por tomar decisiones por ella y es mi obligación siempre velar por sus intereses, aunque en algunos casos he encontrado que me es difícil que no influyan mis propios sentimientos. Eso es normal y es lo que nos hace humanos.

Maratón

El mundo de las empresas altamente exitosas no se compone de una serie de sprints, es un Maratón. 

Después de haber creado varias empresas y que me hayan dado la confianza de invitarme a participar en el consejo de muchas más, he visto la dificultad que algunos tienen al pensar a largo plazo, especialmente en el caso de las startups. Seguramente a raíz de los recursos limitados, las pequeñas empresas a menudo se preocupan más por el día a día que por tener una visión a largo plazo y por ello pienso que pocas llegan a tener un futuro exitoso.

Como director, debes hacer todo lo posible para evitar enfocarte solo en cómo vas a sobrevivir las próximas 24 horas o la siguiente semana, incluso el siguiente mes. Claro que hay momentos que la situación te obliga al corto plazo, pero todas las decisiones importantes deben tomarse teniendo en cuenta la visión y la misión de la empresa y las implicaciones a años vista.

Por ejemplo, cada vez que quieras contratar recursos nuevos, hazlo con la idea de que esta persona debe poder ser parte del equipo a largo plazo en lugar de simplemente cubrir una plaza.

¡Hablemos!

¿Cómo haces para tomar decisiones comerciales difíciles? ¿Tienes que tomar una decisión financiera complicada? ¿Necesitas que te apoyemos a resolver algún problema o necesitas un consejero para apoyarte en tu día a día?

Yo, personalmente, y el equipo de RHHR Group® te queremos apoyar. Usamos estas estrategias, nuestra experiencia y elementos del coaching para apoyar a las empresas a superar dificultades y ser exitosas a largo plazo.

Escríbenos un correo a contacto@rhhrgroup.com


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Autor: Gustav Juul / Presidente & CEO / RHHR Group

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