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JORGE BECKER UN TESTIMONIO DE FUERZA Y HUMILDAD

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“Desde hace poco más de siete años dejé de ser empleado para emprender. Al dejar la comodidad de la quincena, dejé de tener un horario fijo y se derrumbaron algunos lastres burocráticos; que son naturales en las corporaciones. Como resultado, comencé a tener más tiempo libre.

¿Qué hacer con este tiempo libre? Decidí invertirlo en algo muy importante: en mí mismo. Comencé a hacer ejercicio, concretamente, empecé a correr. Salía a correr por las mañanas y después de bañarme y desayunar, seguí con mi carrera de emprendimiento. Las dos, a la vez, con enseñanzas que fui tomando en el camino de estos nuevos proyectos de vida. Para el ejercicio, decidí comenzar con un mega reto: maratones; y en la vida profesional: emprender y salir solo a la vida profesional.

Lo que me sorprendió fue la similitud de exigencias en mis dos nuevos retos. En ambas me di cuenta que necesitaba denominaciones en común: fuerza, disciplina, perseverancia y sobre todo humildad.

Desde el punto de vista de un corredor, la perseverancia te lleva a cumplir los 120 días de entrenamientos, dietas y desmañanadas. La fuerza es indispensable para terminar un maratón, ya que al pasar el kilómetro 21, el cuerpo y la cabeza gritan cada segundo que debes parar, que ya no puedes más y esta fortaleza física, pero sobre todo mental, es la que quita el dolor y calla estas voces.

El conjunto de todo hace que disfrutes cada paso y cada kilómetro para terminar los 42.195 km. Sin embargo, la cualidad indispensable y más importante que abracé como clave para lograr mis objetivos fue la humildad. Después de varios fracasos, particularmente una lesión que me dejó fuera de competir el maratón de Chicago en 2013, aprendí que no puedo correr un maratón solo. Necesito de un entrenador, de un fisioterapeuta, de compañeros en un equipo de corredores y de aceptar que las leyes físicas son implacables, que no lo sé todo. Es más, necesito de alguien que sepa más que yo para guiarme en los entrenamientos.

La humildad me ha ayudado a tener claro que los objetivos en el maratón son míos, de nadie más y aunque esta es una competencia, no la hago por ganarle a nadie, sino para retarme a mí mismo, a trazar mis objetivos de manera clara y a pedir ayuda para lograrlos.

Mientras escribo esto, reviso y leo el párrafo anterior, sustituyo la palabra “corredor” por “empresario” y me doy cuenta que comunico lo mismo y doy gracias por poder poner esto en práctica en cada segundo de mi vida”.