LOS SERES DE "LA NATA CAFE"

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La vida caminaba lenta, pacífica. Mi familia, amigos y yo recorríamos grandes jornadas de trabajo para llevar polen y néctar de las flores al centro de la colina. El aire hondeaba las hojas de los árboles, los azules del cielo hacían brillar las flores y cuando el sol estaba en punta, todas las montañas lucían majestuosas. Al terminar el registro de trabajo, dábamos las gracias a nuestra madre tierra por todo el polen recolectado para formar nueva vida.

A las faldas de las colinas vivía ‘La nata café’, así le llamábamos a unos seres que se expandían con gran rapidez y habitaban animales muy grandes de metal que se movían a gran velocidad. Hasta esa mañana, los de esa comunidad eran solamente los vecinos de los cielos oscuros. A la puesta del sol, observábamos que venían rumbo a las montañas, todos estábamos asustados. Habíamos escuchado las trágicas historias de amigos que han sido arrancados sin piedad de su tierra y compañeros que han sido aplastados como si no fuesen nada. Corrí a ver a mi familia. Al llegar a mi hogar, mis padres le decían a mis hermanos que teníamos que ir colina arriba, ya que en la cima aquellos seres no llegarían. Hasta ese momento, no entendía a qué se referían.

Partimos dejando nuestro hogar. El Gran Guardián Anciano estaba a las faldas de las montañas esperando la llegada de los habitantes del cielo café. Lo primero que hicieron al llegar fue clavarle un cartel en su pecho. Todos mirábamos horrorizados, nadie entendía qué estaba pasando, empezaron a llegar animales de metal que arrancaron a nuestra familia de sus tierras sin piedad. Habíamos escuchado historias terribles de despojos, pero cuando te ocurre a ti, es desastroso y abrumador. Tenía ganas de bajar volando y golpearlos con mi pequeña vara, pero mi familia me detuvo. Todos estábamos llorando abrazados, conectando nuestras almas para que alguien más grande que nosotros escuchara nuestra plegaria de horror y viniera a auxiliarnos. Sin embargo, no fue así, los arrancaron a todos sin piedad, caían uno a uno. Quería morir, ya no podía con tanto dolor; cuando pensé que esto acabaría, mutilaron al Gran Guardián Anciano, lo partieron en cinco pedazos y lo tiraron como basura. Todos los que sobrevivimos gritábamos con horror y el viento helado nos inundaba el alma de pánico.

Esta anécdota no es para causar lástima, sino para dar alabanza a un gran roble de 450 años. Un gran amigo que vio generaciones pasar y vivir con plenitud a las faldas de la colina antes de que llegaran ‘Los seres de la Nata Café’. – La vida de una abeja antes de la urbanización.

Muchos países como Finlandia, Islandia, Suecia, entre otros, ya son sustentables. Demos paso a paso a la evolución consciente sin lastimar nuestra flora y fauna. Si quieres ayudar a reforestar o a nuestro programa Arte Ambiental, cualquier tipo de donación es un gramo de oro de felicidad para nosotros. Conoce nuestro proyecto y sé parte del cambio.


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Autor: Angélica Motta / Dirección de proyectos / Fundación Citlali

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