VARIAS TEORÍAS, UNA BOTELLA.

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El vino se ha consumido desde mucho antes de la aparición de las botellas, incluso antes de la aparición del vidrio. Anteriormente, el vino se almacenaba en barricas, y antes de eso en ánforas de arcilla y barro. En las civilizaciones romana y griega, las ánforas de arcilla fueron el recipiente más extendido durante siglos, ya que se usaban en el antiguo Egipto y otras civilizaciones previas a la romana y a la griega.

El tema es que, a lo largo del siglo XVII, el vino comenzó a ser una bebida mucho más selecta, consumida no solo cotidianamente en casa, sino también en celebraciones y banquetes. Por lo que era necesario desarrollar otro tipo de envase más sencillo y práctico.

En la Venecia del siglo XIII, estudiosos y científicos empezaron a estudiar el vidrio; aprendieron primero su composición y luego a manipularlo. Las botellas que se hacían no tenían la misma forma que las botellas que conocemos actualmente. En esa época, las botellas eran más redondas y sus paredes, por lo general, eran mucho más finas, dado que se hacían con la técnica del vidrio soplado. Hasta que un vino llegó para cambiarlo todo.

Con la llegada del Champagne, las técnicas de fabricación tuvieron que mejorar para que las botellas pudiesen soportar la presión producida por el gas carbónico. No fue hasta un siglo después, en el siglo XVIII, cuando se empezaron a fabricar botellas más alargadas, con paredes más gruesas y formas más finas.

Existen varias teorías sobre porqué 750ml es la medida estándar perfecta de una botella de vino. Una de ellas dice que para los romanos del siglo I la ración diaria de vino mezclado con agua que debía consumir un soldado era de 750ml; otra teoría dice que los sopladores de botellas de aquella época podían fabricar botellas de entre 700 y 800ml de una soplada; sin embargo, si fuesen de mayor tamaño y al tener que tomar aire de nuevo, harían que el proceso fuese mucho más lento, laborioso y caro.

La teoría más aceptada viene de la época medieval cuando la medida estandarizada era el galón inglés y 750ml es la quinta parte de un galón inglés. Los comerciantes se dieron cuenta de que esa medida era perfecta para el transporte, almacenaje en grandes cantidades y finalmente, para transportar las botellas en carretas para la venta. No fue hasta 1821 cuando H. Ricketts & Co. Glass Works Bristol patentó el método de elaborar botellas de vidrio de forma mecánica; nació así la botella de vino que hoy en día vemos en los anaqueles de las diferentes Vinotecas.

En 1970, a través de un tratado internacional, se estableció la medida de 750ml para el comercio del vino. Posteriormente, hemos visto la aparición de otros formatos de botella, como la magnum (1.5Lt) o las botellas más pequeñas de 375ml o incluso de 187ml, principalmente por razones de demanda de mercados y marketing.

¿Y qué hay del color? El color oscuro verdoso característico de las botellas de vino tiene la intención de preservar las características del mismo y evitar que la luz lo estropee. Antes de la aparición de las botellas de vidrio, el vino se almacenaba en recipientes donde quedaba muy expuesto al oxígeno, se oxidaba muy pronto por lo que había que beberlo rápido. Con la aparición de las botellas de vidrio, el vino se pudo almacenar durante más tiempo, sin que sus propiedades químicas se viesen alteradas. Al dejar más tiempo el vino almacenado en botellas, la gente empezó a darse cuenta de que el vino sabía y olía mucho mejor. Fue entonces cuando se hizo popular guardar las botellas de vino en cuevas y experimentar con el envejecimiento de estas.

Sin duda, la aparición de la botella de vidrio no solo benefició al vino, sino también a quienes lo tomamos.

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David Zambrano Azuaje

Sommelier Ejecutivo

VINOTECA