MÁS QUE UN SIMPLE TAPÓN

alcoholic-beverage-bottles-774454.jpg
Hoy en día lo conocemos por su larga relación con el vino y es cierto, son dos grandes amigos, como Batman y Robin o Sherlock Holmes y el Dr. Watson. Sin embargo, el corcho es más que un tapón, tiene una historia tan larga y vasta como su gran amigo, el vino.

A lo largo del tiempo ha sido apreciado por sus propiedades físicas: ligero, impermeable, elástico, aislante térmico, aislante acústico, inerte, resistente, entre muchas otras. El hombre ha sabido aprovechar sus grandes virtudes, desde la antigüedad, hasta nuestros días, con un sinfín de aplicaciones que potencian aún más sus cualidades.

Según comenta Josep Espadalé, Director del Museo del Corcho de Palafrugell, en Girona España: “En zonas corcheras del norte de África y Europa, durante la Edad Media, se usó el corcho para la construcción de féretros y para el recubrimiento de techos de viviendas. Así mismo, el corcho fue muy importante en la elaboración de chapines, un calzado típico español, usado desde el siglo XV al XVII. Sin embargo, el uso más extendido de este material es el sellamiento de recipientes: ánforas griegas y romanas cerradas con tapones de corcho inician el largo recorrido de esta aplicación, que actualmente se demuestra insustituible”.

Pero, ¿qué lo hace tan especial? ¿Por qué a lo largo de tantos siglos las bodegas vinícolas siguen optando por él para sellar su producto? Comencemos diciendo que el corcho es la capa externa de la corteza del árbol del alcornoque (que se encuentra principalmente en Portugal y España), la cual usa como protección ante las inclemencias de la naturaleza. Éste es un material 100% biodegradable y renovable, ya que para obtenerlo del árbol no es necesario talarlo, sino éste tiene la capacidad de volverlo a producir. Además, es un sellador ideal, ya que obstruye el paso del oxígeno que podría afectar el vino.

El corcho comenzó a popularizarse en el siglo XVII, cuando fue posible fabricar botellas de vidrio estándar para el vino de la época. Sin embargo, no fue sino hasta el siglo XVIII que se pudieron fabricar descorchadores que facilitaran la vida de los amantes del vino y dueños de las tabernas.

Para este punto, los corchos ya habían reemplazado los tapones de vidrio que, aunque funcionaban bien, hacían casi imposible querer quitarlos sin romper la botella. Además, se descubrió que el corcho aportaba propiedades al vino que le ayudaban a añejarse sin ser afectado por el ambiente externo; esto sucede porque el corcho permite que una mínima cantidad de oxígeno interactúe con el vino, evitando así la oxidación.

Por estas razones, además del romanticismo que envuelve el acto de descorchar una botella de vino y servirla en una copa, el corcho siempre será el mejor amigo del vino. Más que un simple tapón.


David+Zambrano.png

Autor: David Zambrano Azuaje / Sommelier Ejecutivo / VINOTECA

david.zambrano@vinoteca.com

www.vinoteca.com