EL LEGADO DE UNA ALIANZA ENOLÓGICA

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Es imposible pensar en vino y no tener como referencia este material, imaginamos que el vino y las barricas de roble nacieron el mismo día y siempre han estado juntos desde la existencia, sin embargo, la realidad es muy distinta.

El vino ha estado presente con el ser humano desde sus inicios como civilización, desde hace 6,000 años, existen referencias de este líquido fascinante, pero el uso de las barricas es mucho más reciente.

Los Fenicios en el año 1,000 antes de Cristo, comercializaban el vino en ánforas de barro, las cuales sustituyeron por pieles de animales precisamente por su funcionalidad y durabilidad. El cómo transportar grandes cantidades de vino, llevarlo desde su zona de producción al comercio sin que se sufra ningún daño, además de su conservación, siempre ha sido un tema crucial para las distintas sociedades en los diferentes periodos de la humanidad.

Los Celtas vivían en el norte y centro de Europa en el año 500 antes de Cristo, el clima era bastante adverso, mucho frío y humedad; sin embargo, tenían acceso ilimitado a la madera, material que llegaron a dominar a la perfección, ya que constituía la base de todo lo que fabricaban, desde sus casas hasta los barcos que los transportaban.

Por otro lado, en el mediterráneo, los griegos y romanos seguían usando las ánforas de barro cocido, teniendo problemas de transporte porque estas se rompían, simultáneamente los celtas perfeccionaban sus técnicas con la madera, uno de sus avances fue ahuecar un tronco, colocar dentro sus bebidas, ponerle un tapón y con esto solucionaban el problema del traslado del producto. 

Posteriormente, decidieron cortar sus troncos en duelas y unirlas en forma circular por medio de aros de madera o mimbre, lo importante es que lograron entender la influencia del líquido sobre la madera y su acción de compresión y flexión. También hallaron que, calentando las duelas, podían darle fácilmente esa forma ovoide. Cuando los romanos invadieron Galia, gradualmente fueron adquiriendo estas rudimentarias cubas y barricas como medio de transporte y conservación.  

Sin duda, el cambio de las ánforas por las barricas y túneles de madera, significó una revolución en el traslado del vino. Los bodegueros franceses observaron que los vinos transportados en barricas llegaban a destino, no solo bien conservados sino que mejor de lo que habían partido, incrementando sus cualidades y su valor gracias a los procesos, más tarde se descubrió, que sucedían dentro de dicho recipiente. Es una realidad que la barrica pasó a ser aliada ideal del viticultor, sobre todo cuando los alemanes descubrieron las mechas de azufre que usaron para esterilizar absolutamente esos depósitos de madera, cosa que no se lograba con el simple lavado con agua. 

Para llegar a la conclusión que el roble, tanto el francés, como el americano son el tipo de madera ideal para el armado de estos recipientes, se pasó por diferentes y variadas pruebas a lo largo de los siglos, habiendo experimentado con el pino, el castaño, la acacia y el cerezo, por citar algunos ejemplos. Hoy en día, es muy difícil imaginar la vitivinicultura sin uno de sus principales medios de formación, la madera, quien une sus virtudes trabajadas por el hombre a la expresión del terroir natural: la barrica de roble.

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David.zambrano@vinoteca.com

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