PENSAMIENTOS LIMITANTES: ¡ENCUENTRA EL CÓMO SÍ!

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Un día me harté de escuchar a mis hijos decir “¡no puedo!” antes de intentar superar un reto nuevo. Desde entonces, en casa se prohibió esa frasecita limitante. 

No obstante, de ninguna manera, el pensar así está limitado a los niños. Durante mi carrera como Headhunter y Socio de RHHR Group® he sufrido tener que escuchar largas explicaciones de candidatos y/o empleados que se lamentaban de que su falta de resultados era por razones ajenas a ellos y que, si las circunstancias hubiesen sido diferentes, sin duda, hubieran logrado un éxito tras otro. 

Desde hace algunos años, personas que se dicen ‘expertos’ en recursos humanos, han abogado por lograr lugares de trabajo ‘perfectos’. Estas personas definen que una de las funciones principales de los líderes es proporcionar a los colaboradores paquetes salariales inigualables, herramientas de trabajo soñadas y entornos de trabajo óptimos para que estos, a su vez, no sientan que carecen de algo. El concepto que venden es que, cuando la empresa hace todo por los empleados, los empleados darán un 100% por la empresa. 

Leamos entre líneas. Cuando todas las condiciones son óptimas el colaborador puede lograr lo que se comprometió a hacer, pero cuando no, en teoría, debería estar en su pleno derecho de dar menos, ¿no?

Considero que es una gran equivocación animar a las personas a pensar que es valido culpar sus circunstancias como la razón por la cual no tienen éxito. Pienso que las excusas por la falta de resultados es la mejor manera para fomentar una mentalidad de víctima e improductividad. En esencia, si educando a nuestros hijos y/o equipos a pensar que no pueden hacer su mejor trabajo en circunstancias no ideales y no somos 100% responsables de nuestros resultados, ¿dónde queda la resiliencia y la voluntad de superación?

La realidad de la vida es que no hay ningún plan perfecto, no hay clientes perfectos y siempre hay menos recursos que los deseados. Nuestro papel como líderes es ayudar a las personas que nos rodean a sacar la casta que llevan dentro y a usar sus habilidades y talentos para compensar por esas ‘imperfecciones’ con las que nos encontramos por el camino.

Entonces, para lograr superar nuestros pensamientos limitantes debemos primero conocer cuáles son:

¡NO PUEDO!

Esta era la frase favorita de mis niños. En el fondo lo que pensaban con un lenguaje tipo ‘comic’ era: “se me ha presentado un reto. Es un gran reto, o al menos pienso que es un gran reto. Podría ser un gran reto. ¿Qué pasa si sí es un gran reto?, ¿y si no lo logro? Mejor no lo intento por si no lo logro, de esa manera podré decir que ni lo intenté. En el fondo, estoy bien donde estoy. Que a gusto estoy aquí. No creo que pueda. ¡Definitivamente no puedo! Olvídalo”.

El “no puedo” es el pensamiento autolimitante por excelencia. Analiza todo lo que te rodea, lo que eres y serás, y te autodefine como incapacitado para lograr ese reto. ¡Vaya estupidez! Puede que no estés listo en este preciso momento, posiblemente tengas que cambiar algo, pero hay muy pocas cosas que no puedes lograr si te lo pones como objetivo. 

Posiblemente vayas a fracasar algunas veces antes de lograr tu objetivo. Solo recuerda que las personas que nunca fallan son personas que nunca lo han intentado y que las personas que se dan por vencidas después de su primer fracaso, nunca tendrán éxito. 

Haz el siguiente trato contigo mismo. La próxima vez que sientas un contratiempo, lamenta tu fracaso durante uno o dos días, incluso, permítete pensar que no puedes, si gustas, pero después levántate de nuevo, aprende de tu fracaso, haz los ajustes que debas hacer y ve por tu objetivo.

ELLOS SON MÁS…

Ellos son más grandes, fuertes, hábiles, audaces, retorcidos, sucios, aventados, experimentados, ricos, amigueros, platicadores, guapos, jóvenes, extranjeros, oriundos, trabajadores, listos, seguros de sí mismos, suertudos, etc. Lo que queremos decir es que nos sentimos inferiores a ellos y no vemos cómo superar ese elemento, real o ficticio, de desventaja. 

Solemos tener la idea falsa de no ser tan bueno como ellos, no obstante, hay varios estudios que han publicado, entre ellos uno en economist.com, que nos comparte la siguiente estadística sobre el impacto de las redes sociales en el bienestar de las personas (tabla 1.1).

Este estudio nos muestra que cuanto más tiempo pasas en Facebook, menos satisfecho estarás con tu vida. ¿Por qué? Porque entre el reconocimiento instantáneo de tus comentarios y fotos que recibirás en cualquier red social y, por ende, las endorfinas que esto libera en tu cerebro, la vida es una realidad paralela, menos emocionante y que requiere demasiado esfuerzo en la opinión de muchos.

Te lo digo ahora, nunca dudes de ti mismo por lo que estás viendo o escuchando de otras personas. Como les digo a mis niños: “no me importa lo que hagan tus amigos, no te midas por lo que hagan o dejen de hacer ellos, mídete por lo que logras superar tú, recuerda solo lo que te ayuda, escucha lo que te motiva a ser más, esfuérzate siempre a ser una mejor versión de ti mismo y nunca te rindas”. Bueno, no siempre me sale así de bien mi discurso, pero en general esa es la idea que les intento transmitir. 

NO TENGO TIEMPO

Si son como yo, se emocionan cuando tienen una lista de pendientes más larga que su brazo de cosas que deben de hacer. Una mañana, recuerdo haber estado disfrutando una taza de café, creando ese famoso plan del día que me daría orden y estructura. Ya había superado una hoja e iba por la segunda, pensando que, si la lograba llenar también, podría merecer publicarla en Facebook, Twitter o Instagram para que todos mis amigos la vieran. Me hacía sentir necesario, valioso y activo. Cuanto más larga era la lista, más productivo pensaba que iba a ser ese día. 

Sin embargo, se desvanecía rápidamente ese tipo de emoción. A menudo que pasaba el día, en lugar de obtener una explosión de motivación, tenia un sentido de gran culpa. Aquí es donde entra la famosa frase, “estoy tan ocupado, tengo que dejar de decir que sí a todo”. La verdad es que no estás demasiado ocupado, es solo que tu lista está llena de cosas que no tienes que hacer. Aprende a priorizar. 

Aprendí, con algo de esfuerzo, cuando me siento con ese café por las mañanas, a crear una lista de tareas que con seguridad no pueda realizar ese día. Aprendí a ser realista con lo que puedo lograr durante un día. Sí, sería genial acabar este articulo en un día, pero si sé que tardo dos, ¿por qué ponerme como objetivo acabarlo en uno? 

Cuando planeas con intención, tus listas se reducirán dramáticamente en tamaño e incrementará tu felicidad y sentido del logro. Tu mentalidad cambiará cuando pases el día sintiéndote cumplido. ¡Inténtalo! No crees una lista para tus amigos de Facebook, crea una lista para ti.

MI SUEÑO ES…

Esta es la excusa del que vive soñando. Claro, quieres ganar mucho dinero, pero, ¿estás haciendo algo para conseguirlo? Quieres un mejor trabajo, pero, ¿estás haciendo algo para buscarlo? Quieres ser promovido, pero, ¿estás haciendo algo para que tu jefe piense que estás listo? Quieres comenzar tu propia empresa, pero, ¿has empezado a hacer, aunque sea el plan de negocio que te prometiste que estaría listo en octubre del año pasado?

A la mayoría de las personas no les importa, en lo más mínimo, si logras tus sueños o no. El paso que tienen por tu vida es pasajero y ellos tienen sus propios sueños y demonios que combatir. ¿De quién depende que logres tus sueños? De ti y solo de ti. ¿Te sirven los sueños que tienes que nunca se materializarán porque no les das el tiempo ni el interés necesario? Tú dime. 

Si vives soñando, busca el momento en el que te lamentas por tu falta de ‘suerte’ en algo con lo que soñabas pero que ahora ya no tendrás. Ese tren puede que ya pasó, pero aprende de ello y pregúntate, ¿qué pude haber hecho diferente? ¿Por qué no diste tu 100%? ¿Estás dispuesto a darlo todo para que se cumpla tu sueño o sería mejor invertir tu tiempo y dinero en algo menos interesante pero que te dará una renta fija? Aprende, conócete y entiende lo que te hace feliz. 

DON QUIJOTE Y LOS MOLINOS…

Durante el último mes he estado haciendo un ejercicio personal de autoconciencia de cuántas veces me quejo al día. Para ello, decidí usar la técnica de cambiar mi anillo de dedo cada vez que me quejo de algo, lo que me obliga a identificar físicamente los momentos en los que empiezo a quejarme. ¿Qué he aprendido? Considero que me quejo mucho y que, en general, tiendo a dirigir mi frustración hacia cosas que no puedo controlar, como el tráfico, las llamadas de tele-vendedores y la cantidad de pendientes que, en el fondo, es bueno porque quiere decir que hay mucho trabajo.

Después de analizar mis propias frustraciones y tener más conciencia de ellas, me di cuenta de que la mayoría son razones que me doy a mi mismo para ver las cosas desde el lado negativo y simplemente no estar contento. Sé que me hace menos feliz quejarme. Sé que lamentarme a personas que no pueden arreglar lo que me molesta, no mejorará la situación. De hecho, a menudo, eso me irrita aún más porque, además de perder aún más tiempo, incluyo en mi mal humor a un nuevo grupo de personas, que ninguna culpa tenían.

Elijamos nuestras batallas y no te frustres por lo que no puedes cambiar. Transformemos la situación desagradable que vivimos a algo placentero; si hay tráfico, aprovecha para llamar a una persona con la que no has hablado desde hace tiempo y no incluyamos a personas que nada tienen que ver en nuestro enfado, ellos no tienen la culpa.

ME CANSÉ

Tengo un buen amigo que empezó a hacer deporte de alto rendimiento hace poco. Entrena para triatlones y me contó que se componen de tres etapas: nadar, andar en bicicleta y correr. Siempre hay una de las tres disciplinas que cuesta más que las otras y para él, es la bicicleta. Me dice que un día, en vez de seguir al grupo de nivel medio que ya lo dominaba bastante bien, decidió pegarse al grupo avanzado. Aunque se mantenía en la cola de este grupo, sin duda, era mucho más difícil de lo que estaba acostumbrado. A la mitad de la carrera ya tenía las piernas deshechas, pero no fue eso lo que más le costo superar, lo más duro fue combatir esa voz de adentro que le decía: “ya hiciste suficiente, relájate, no podrás, deja de sufrir, descansa el último trayecto”. En ese momento, es en el que verdaderamente se mide la fuerza de voluntad. Ya no importa la fuerza que te queda en las piernas, lo que importa es lo que tienes en lo más profundo de ti que hace que acabes la carrera con el grupo de los líderes o no. 

En los negocios es muy similar. Las primeras semanas son muy divertidas, todo es soñar y se tiene todo el presupuesto que se va a invertir en los próximos meses. Cuando se empieza a complicar es cuando hay que cumplir con los horarios, los compromisos y responsabilidades y cuando el pequeño presupuesto que uno había soñado que sería suficiente, se agotó y hay que poner más, vender el carro y estrecharse el cinturón durante una época.  

Pienso que es esta excusa la que rompe a la mayoría de los empresarios que al menos lo intentan. No entienden que los negocios son un maratón y no un sprint. Esta excusa tiene que ver con tu punto de quiebre personal, o al menos el que crees que tienes. Cuando te encuentres usando esta excusa, tanto en los deportes como en los negocios, en vez de ‘tirar la toalla’, averigua qué es lo que haría que retomaras fuerzas para darle el último empujón y llegar a la meta. Una vez que logras eso serás un Rey Midas. 

NO QUIERO LÍOS

Esta excusa es la que menos me gusta. Es un pretexto basado en el miedo de arriesgar la comodidad de la mediocridad por un futuro mejor. Es la excusa del cobarde.

Encontramos el miedo en todas partes, como relaciones, carreras y en la vida personal. Congela a las personas en situaciones insostenibles durante meses, años o, tristemente, toda una vida. Sabes que tienes que tomar el control y cambiar para poder avanzar, sabes lo que tienes que cambiar, pero no das el primer paso necesario para poder tomar un nuevo camino. 

No me malinterpretes. El cambio no es cómodo. Renunciar a lo conocido y lanzarte al vacío no es fácil. No importa lo infeliz que estés, renunciar a lo que uno tiene puede ser aterrador, pero pregúntate, ¿no lo sería más, seguir en donde estas, dentro de 20 años? 

Todos los que alguna vez hicieron algo grande no sabíanlo lo que les estaba esperando, simplemente dejaron de poner excusas y se pusieron a hacerlo.

CONCLUSIÓN

No puedo negar que me encanta reclutar, especialmente posiciones estratégicas para las cuales la actitud, más que los conocimientos, es clave. 

 Cuando analizo las respuestas que me dan los candidatos que entrevisto, me doy cuenta del tipo de posiciones adecuadas a ellos y para las cuales nunca les podría dar mi recomendación. Muchos piensan que lo más difícil de mi trabajo es encontrar a personas que técnicamente sean cualificadas para cubrir la posición, pero para nuestro despacho, es la parte simple. En lo que realmente pienso que RHHR Group® se destaca es en la evaluación de la parte personal de los candidatos y, dentro de eso, está la evaluación de los pensamientos limitantes que podrían llegar a tener algunos de los candidatos que entrevistamos. 

Si este tipo de Headhunting te interesa, me gustaría escuchar y ver cómo podemos colaborar. Mi correo es gjuul@rhhrgroup.com ¡Escríbeme!

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Gustav Juul

Presidente & CEO

RHHR Group®

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