¿LE CREEMOS A TRUMP?

Contrario a lo que los encuestadores habían previsto y a lo que la mayoría del mundo deseaba, finalmente nos alcanzó el destino y Donald Trump supo encauzar el odio y, al mismo tiempo, el temor de la mayoría étnica del vecino norteño, alzándose con una incuestionable victoria en las elecciones del pasado año.

Es ampliamente conocido su rechazo a todo lo que esté vinculado con las etnias latinas, especialmente los mexicanos, a los que ha tachado de delincuentes y violadores. Está dispuesto a construir un muro a lo largo de toda la frontera entre los dos países y ha amenazado con realizar deportaciones masivas de indocumentados; así mismo, ha cuestionado las bondades del Tratado de Libre Comercio de los países de Norteamérica (TLC) y está dispuesto a echarlo para abajo, argumentando que la creación de empresas en México produce traslado de plazas laborales y que, argumenta, deben quedarse en Estados Unidos.

Toda esta parafernalia ha provocado graves desajustes en los mercados financieros. El IPC de la Bolsa Mexicana de Valores se ha contraído en más de 7% en un mes y el tipo de cambio de la moneda mexicana se ha devaluado en un 11%. Sabemos que aún es aventurado adelantar vísperas, pero los mercados financieros son por naturaleza especulativos: comprar el rumor, vende el hecho. Hasta el momento, antes de asumir el puesto, lo único que sabemos es lo que ha vociferado el Sr. Trump hasta el cansancio sobre su xenofobia hacia sus vecinos sureños; sin embargo, sabemos que del dicho al hecho, hay mucho trecho.

Existe una anécdota sobre su percepción del electorado que lo eligió: en 1998, cuando aún no había ningún indicio de sus inclinaciones políticas, lo entrevistó People Magazine sobre la posibilidad de que se postulase para la Presidencia de EEUU y él respondió que de hacerlo, se postularía por el Partido Republicano, argumentando que eran el grupo de votantes más tonto en el país. “Ellos creen todo lo que les dice Fox News. Podría mentirles y se lo creerían por completo. Apuesto a que el resultado de la votación sería magnífico”. Esto quiere decir que, tal y como lo ha mostrado en innumerables ocasiones, no es persona de fiar. Hasta dónde puede llevar la charada, solo él lo puede saber. Por lo tanto, analizaré solo dos escenarios: el optimista y el pesimista.

EL ESCENARIO

OPTIMISTA

De acuerdo a sus propias palabras de 1998, todas las declaraciones preelectorales solo las realizó con la finalidad de convencer al electorado ultra conservador, captó sus odios y temores y los hizo suyos para ganar la elección; pero él sabe, como hombre de negocios, que no es posible aislar a la economía más grande del planeta, así como conoce que el concurso de la mano de obra mexicana ha fortalecido en forma primordial la economía de su país, especialmente del estado más rico de toda la unión, el que por sí solo, es más poderoso que toda Francia: California.

Sabe que el desempleo en EEUU se encuentra en los niveles mínimos desde 2009 y que si retiene, mediante argucias fiscales a las empresas que se quieren establecer en nuestro país, no va a contar con la suficiente mano de obra calificada para realizar la manufactura. Además, existen tareas que resultan poco atractivas para los norteamericanos y que los mexicanos las realizan sin poner peros.

Adicionalmente, su pretensión de disminuir los impuestos resulta incongruente en una economía que cada día muestra mayores fortalezas en el sector laboral; es una estrategia válida para que las empresas, en vez de contribuir a las finanzas del gobierno, realicen inversiones en las actividades propias de su sector, estimulando la creación de nuevos empleos, lo que parece innecesario en una economía que está generando en promedio más de 150 mil plazas mensuales.

Entre el escenario planteado y el pesimista, puede haber cientos de posibilidades que dependerán mucho del ánimo del Presidente Electo, de las presiones de los países que son sus socios comerciales y políticos y, adicionalmente, de sus intereses empresariales y compromisos de campaña. Entonces, como presupuestador, solo queda el recurso de tomar el escenario pesimista, que puede resultar catastrófico para México.

 

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EL ESCENARIO

PESIMISTA

De concretarse todas las amenazas del Sr. Trump, estaremos enfrentando la peor de las tormentas. El ingreso de dos millones de personas a nuestra maltrecha economía, que no ha sido capaz de crear una cantidad de empleos suficientes para ellos y siendo esa la razón por la que buscaron refugio en el país vecino, no augura nada bueno. 

Además, seguramente los niveles de inseguridad que ya en estos momentos resultan alarmantes, se dispararán a niveles escalofriantes. Esta situación será magnificada por la cancelación parcial o total del TLC. Si esto sucede, muchas de las empresas que se han establecido en nuestro país con la finalidad de aprovechar el ingreso de sus productos, sin aranceles al mercado más grande del mundo, recibirán esta situación como un balde de agua fría y los desalentará para continuar con sus operaciones, provocando la salida de aquéllas que solo se encontraban medrando con dicha posibilidad. Obviamente que el mercado laboral se debilitará en forma considerable.

Desafortunadamente, nuestro gobierno está en espera de lo que suceda sin desarrollar ninguna estrategia para enfrentar este tsunami. Este momento resulta crucial para el futuro de México. Muy posiblemente cambie por completo el modelo de país que se diseñó cuando se negoció el TLC y que provocó esta dependencia casi exclusiva del comercio con nuestro poderoso vecino, que representa un porcentaje de alrededor del 90%. Jamás se nos ocurrió volver los ojos hacia otras latitudes; tenemos establecidos tratados de libre comercio con una buena cantidad de países que duermen el sueño de los justos. Es hora de des enlatarlos, si aún se puede y abrirnos a otros mercados. Quedarnos sin hacer nada, provocará que sea más dramático el desenlace; es quedarnos esperando el puntillazo.

Es hora de cerrar filas, de hacer un llamado a los capitales nacionales para realizar inversiones en México; es hora de creer en nuestra tierra. Tal vez volvamos a un esquema de economía más cerrado; curiosamente en los períodos en los que habíamos entrado a la globalización, fue cuando crecimos a tasas más altas, similares a las que crece China actualmente. Según Forbes, los 36 capitales más importantes de México, superan los 140 mil millones de dólares. ¿No podrían los poseedores de dichos capitales arriesgarlos un poco en el país que les permitió su acumulación?

Autor: Rodrigo Patiño Pimental, Vicepresidente Valuación y Colaboración de Activos, Sayco

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