PABLO SÁNCHEZ
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La fatiga no siempre viene de hacer demasiado. A veces viene de no poder desconectarte nunca.
EL CANSANCIO QUE NO SE VE
Hay días en los que llegas a casa completamente agotado y, si alguien te pregunta qué hiciste durante el día, hasta te cuesta justificarlo. Estuviste frente a la computadora, contestaste algunos mensajes, entraste a un par de juntas, resolviste pendientes, hiciste llamadas y quizá hasta tuviste tiempo de sentarte a comer. Nada parece particularmente extraordinario y, sin embargo, sientes que necesitas apagar el celular, cerrar la puerta y que nadie te pida absolutamente nada durante un rato.
La explicación puede estar en algo que no siempre tomamos en cuenta: el cansancio no es exclusivamente físico. Tu cerebro también se fatiga y puede hacerlo después de pasar horas procesando información, tomando decisiones, cambiando constantemente de una tarea a otra y tratando de mantener en la cabeza todo aquello que todavía tienes pendiente. Incluso cuando estás sentado, tu mente puede estar trabajando a toda velocidad.
TU CEREBRO TAMBIÉN TIENE PENDIENTES
Piensa en todas esas pequeñas cosas que suceden durante un día normal: responder un WhatsApp mientras terminas un correo, recordar que tienes que hacer una llamada, revisar una notificación durante una junta, pensar en lo que necesitas comprar al salir de la oficina o acordarte de algo que tienes que resolver mañana. Ninguna de esas acciones parece suficiente para agotarte por sí sola, pero juntas construyen una especie de ruido mental permanente. Y cuando nunca terminas de estar pendiente de algo, tampoco terminas de sentir que realmente terminaste tu día.
A esto se suma una paradoja de la vida moderna: tenemos más posibilidades de descansar, pero cada vez nos cuesta más hacerlo. Terminamos una jornada de trabajo y pasamos directamente a otra pantalla; revisamos redes mientras vemos una serie, contestamos mensajes desde la cama o aprovechamos cualquier momento libre para adelantar algo. El cuerpo está quieto, pero la atención sigue ocupada. Estar sentado no necesariamente significa estar descansando.
DESCANSAR NO ES SOLO DORMIR
Por eso, recuperar energía no siempre implica dormir más o llenar la agenda de actividades de wellness. También necesitamos espacios en los que no tengamos que producir, responder, decidir ni resolver nada. Caminar sin revisar el teléfono, comer con calma, salir a tomar aire, escuchar música, leer unas páginas o simplemente sentarnos unos minutos sin convertir ese tiempo en otra tarea pendiente puede ayudar a romper el ciclo de estímulo constante.
Y aquí hay una diferencia importante: descansar no significa ser improductivo. De hecho, darle al cerebro momentos de recuperación puede ser mucho más útil que intentar mantenernos funcionando al cien por ciento durante todo el día. No se trata de hacer menos por hacer menos, sino de entender que nuestra atención también tiene un límite y que necesita pausas.
¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE NO HICISTE NADA?
La próxima vez que llegues a casa pensando “¿por qué estoy tan cansado si ni siquiera hice tanto?”, quizá la pregunta correcta no sea cuánto hiciste durante el día, sino cuánto tiempo pasaste realmente desconectado.
Porque a veces no estás cansado de hacer demasiado. Simplemente estás cansado de estar pendiente de todo, todo el tiempo.