LA ODISEA DE LA FAMILIA EMPRESARIA

 

Fernando Todd

Socio Fundador

Todd Empresas de Familia

Socio IOS desde 2026

Nunca leí La Odisea. Fui un adolescente rebelde que no quería leer lo que me recomendaba mi papá. Cuando la empecé, me pareció aburridísima y la boté a las dos páginas.

Lo que sí heredé de mi papá fue el gusto por el cine. Con un director y un reparto como el de la Odisea, tenía que verla. Entré esperando una gran pelicula y salí entendiendo que debí haber leído el libro.

La historia tiene casi tres mil años, pero sus problemas siguen apareciendo en nuestras vidas y en las mesas de consejo. Me hizo pensar en el arco de Odiseo. Los pretendientes intentan tensarlo. Ninguno puede. Solo él.

En casi toda empresa familiar existe un arco parecido: la negociación, el cliente o el conflicto que solo el fundador sabe resolver. Es natural. El riesgo aparece cuando pasan los años y nadie más ha podido intentarlo. Los arcos no se heredan tensados. Se aprende a tensarlos con el dueño presente.

También pensé en las sirenas. Odiseo quiere escuchar su canto, aunque sabe que podría perderse. Pide que lo amarren al mástil y que si ruega que lo suelten, aprieten los nudos. El héroe sabe que también puede equivocarse.

Un consejo de administración cumple una función parecida. No busca quitarle el mando, sino ayudarlo a decidir mejor, hacer preguntas incómodas y evitar que una propuesta atractiva lleve a la empresa contra las rocas.

Telémaco debe crecer antes del regreso de su padre. No se convierte en líder por decreto: sale, pregunta, se expone y decide.

La sucesión tampoco comienza cuando el fundador anuncia su retiro. Empieza años antes, con responsabilidades reales, resultados y acompañamiento. Un apellido transmite responsabilidades, no liderazgo. El sucesor no necesita ser una copia de su padre, necesita saber dirigir.

Calipso le ofrece a Odiseo la inmortalidad si permanece en su isla. Él dice que no. Prefiere envejecer en su tierra que vivir eternamente en un lugar que no es el suyo.

Vale la pena preguntarse qué isla cómoda detiene hoy a cada fundador: el control que no suelta, el éxito pasado o las conversaciones familiares que sigue posponiendo. Y, sobre todo, está Ítaca. Odiseo no busca conquistar otro reino. Quiere volver al suyo. Sabe a dónde va y por qué quiere llegar.

Toda familia empresaria necesita su propia Ítaca: una respuesta honesta a la pregunta de para qué quiere seguir unida. Tener una empresa no es una respuesta. Es una circunstancia. El patrimonio es el barco. Ítaca, la razón del viaje.

Homero no escribió sobre empresas familiares. Escribió sobre seres humanos: el líder que no puede soltar, quien sabe que puede equivocarse, el hijo que necesita crecer y la familia que debe recordar hacia dónde quiere ir. Tres mil años después, esos personajes siguen sentándose alrededor de nuestras mesas. El buen gobierno comienza ahí: reconociendo quiénes somos, acordando a dónde vamos y preparando a otros para que el viaje continúe.



 
Anterior
Anterior

LA IA TRANSFORMA A QUIENES REDISEÑAN EL TRABAJO

Siguiente
Siguiente

HACERLO CON INTENCIÓN