DEUDA QUE IMPULSA, NO QUE AHOGA: CUÁNDO SÍ CONVIENE FINANCIARSE
Eduardo Maass
Co-Founder & CFO
AHAL Financial
Socio IOS desde 2025
La deuda no es el villano de la historia; es una palanca. Usada con criterio, acelera proyectos, estabiliza la caja y multiplica valor. Usada por inercia, se vuelve un grillete que ahoga decisiones. La clave está en tres filtros simples antes de firmar: prueba de servicio de deuda, calce plazo–proyecto y alertas rojas.
1. Prueba de servicio de la deuda: ¿tu operación respira?
Responde esto: “¿Mi operación genera suficiente flujo para pagar capital e intereses sin asfixiar el negocio?”. Un test práctico es estimar tu flujo de efectivo operativo mensual (¿cuánto dinero generas) y compararlo con el servicio de la deuda (cuánto pagas por ella). Busca un DSCR (cobertura del servicio) mayor a 1.5 en escenario base y arriba de 1.3 en escenario conservador. Si necesitas que “todo salga perfecto” para pagar, no es el momento de endeudarte.
2. Calce plazo–proyecto: cada deuda tiene su temporada
La deuda debe durar lo que dura el beneficio. Financiar capital de trabajo estacional con líneas revolventes tiene sentido; financiar maquinaria con vida útil de cinco años con un crédito a cinco o siete años también.
Lo que no funciona: pagar nómina crónica con préstamos de corto plazo o financiar pérdidas operativas esperando “que el mercado se componga”. La regla es simple: flujo cierto y recuperable que calce con los pagos.
3. Señales rojas antes de firmar
Cuidado con:
Tasas variables sin cobertura en contextos de alta volatilidad.
Amortizaciones en un solo pago (bullet payment) sin un plan realista de salida.
Covenants que te dejan sin margen si cae un trimestre.
Garantías que ponen en riesgo activos críticos del negocio por un préstamo táctico.
Sobreendeudamiento “por si acaso”: la liquidez ociosa también cuesta.
Además, exige que el proyecto se defienda solo: ROI esperado por encima del costo total de la deuda (tasa + comisiones) y un periodo de recuperación claro. Si el retorno depende de supuestos heroicos —precios siempre altos, demanda creciente sin fricciones, cobros instantáneos—, detén todo, ajusta el plan y vuelve a evaluar.
Una práctica que da paz mental es armar varios escenarios: base, conservador y estresado. En el conservador, incrementa 10–15% los días de cobro, reduce 5–10% el volumen y sube un punto la tasa. Si aun así el DSCR se mantiene sano y el negocio respira, vas bien. Si no, rediseña el monto, el plazo o el calendario de pagos.
4. Mini-checklist antes de firmar
DSCR > 1.5 en base y > 1.3 en conservador.
Plazo alineado a vida útil o temporada del proyecto.
ROI del proyecto > costo total de la deuda.
Plan de salida y cobertura si la tasa es variable.
Revisa covenants y garantías como si fuera una auditoría.
Primer paso hoy: lista tus pasivos actuales, simula escenarios y valida el calce de cada uno. Si un crédito no pasa la prueba, renegocia o reestructura.